Dra. Melómana (11): Lista para un preámbulo otoñal


Cuando el viento deja de ser brisa y prende el rubor en nuestra piel. Cuando cobra fuerza para soplar nubes frías que, sabemos, nos pesan más a todos. Cuando el aire se compacta y nuestras bocanadas lo devuelven débil y triste. Cuando el sol comienza a fatigarse después de haber brillado tanto para nosotros. Es entonces que prestamos atención a un oboe; rescatamos su dulzura porque, en ese estado otoñal, su vibración nos estremece más. Lloramos en el primer arpegio de una guitarra simple, deshojada como el árbol que vemos por la ventanilla. Y cuando llega el turno de los violines épicos, aquellos que en otro momento nos hubieran dado ahíncos, nos estalla la fragilidad en todo el cuerpo y quedamos en carne viva. Para intensificar el estado, hacer catarsis y de este modo sanarnos, la dra. Melómana prescribe la siguiente lista:








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