Doctora Melómana: Manifiesto

Todo el mundo sabe que la música es poderosa. Balsámica, elixir, curadora, acompañante terapéutica, etc. Ha sido usada para motivar tropas, para ahuyentar el sueño, para romper silencios incómodos, para mitigar esperas telefónicas y consultas con el dentista, para estimular y potenciar la productividad, entre otras cosas.

Siempre (o casi siempre) se persigue una «adecuación a la circunstancia». No es casual que exista, prácticamente como género en sí, la música de ascensor: se emplea funcionalmente la música bajo el presupuesto de que actúa sobre nuestras emociones. Se supone que este potencial, en parte, se vincula con la evocación de ciertas huellas en nuestra memoria. Reconocemos una canción como alegre o triste, estimulante o relajante porque la asociamos con algo más: sin un registro y sin la experiencia previa, supuestamente, esto no sería posible.

Lo que sostiene este paradigma es que la música ejerce su poder paliativo actuando del siguiente modo: ante una situación de ciertas características que nos influye, se debe buscar un contraste para que nuestra mente equilibre sus emociones. De hecho, uno de los principios de la musicoterapia supone algo similar a esto. Para curar ciertas patologías, esta disciplina intenta hacer llegar al cerebro estímulos que lo conduzcan a una relajación o anulación de los impulsos que reproducen la enfermedad.

No es esta la teoría que sostiene la doctora Melómana. Al estado de ánimo hay que bombardearlo con melodías y ritmos de obras de toda clase. Así se consigue un efecto terapéutico más contundente. Pero es otro el tratamiento. Para la doctora Melómana, la música debe funcionar como generadora de catarsis (algo parecido a lo que ocurría con la tragedia en la Grecia Antigua). La canción en cuestión debe mimetizarse siempre con la situación vivida, la debe ilustrar e incluso amplificar. No debe oponerse al síntoma, sino actuar en la misma dirección que este. Incluso si se tratase de un caso extremo, en el que pareciera ser necesario el contrapunto que equilibre un momento de angustia, ira, violencia, desazón, esta terapéutica insiste en que ese estado debe reforzarse para luego de la apoteosis buscada, lograr la purificación.

Cuando necesito una receta con la lista de canciones que acentúen la alegría, la apatía, la depresión, la euforia, la soledad, la impaciencia, la diversión o la ansiedad, yo me convierto en mi propia doctora Melómana. Funciona como la homeopatía: lo semejante cura lo semejante. Y cuando tengo tiempo, me gusta prescribirles a los amigos unas dosis para sus estados y dolencias.

CONVERSATION

0 comentarios: