7.3.10

Doctora Melómana - Manifiesto

Se dice de la música que es poderosa. Se la describe mediante todo tipo de términos new age: bálsamo, elixir, curadora, acompañante terapéutica. Se la usa para motivar tropas, para ahuyentar el sueño en viajes largos en auto, para romper silencios incómodos de ascensor, para mitigar esperas telefónicas y consultas con el dentista, para estimular y potenciar la productividad, etc.

Siempre (o casi siempre) se busca lo que podríamos denominar "adecuación a la circunstancia". No es casual que exista, prácticamente como género en sí, la música de ascensor: ninguna compañía seria elegiría como canción de fondo una de Sepultura para acompañar un ascenso hasta el piso 40.

Todo esto tiene su fundamento: la música posee la propiedad de provocar una amplia variedad de sensaciones. Se supone que este potencial, en parte, se vincula con la evocación de ciertas huellas en nuestra memoria. Sabemos reconocer cuándo una canción nos parece alegre o triste, estimulante o relajante porque la asociamos con algo más: sin un registro y sin la experiencia previa, supuestamente, esto no sería posible.

La música ejerce su poder paliativo actuando del siguiente modo: ante una situación de ciertas características que nos influye, se busca un accionar por contraste para que nuestra mente equilibre sus emociones. De hecho, uno de los principios de la musicoterapia supone algo similar a esto. Para curar ciertas patologías, esta disciplina intenta hacer llegar al cerebro estímulos que lo conduzcan a una relajación o anulación de los impulsos que reproducen la enfermedad.

No es esta la teoría que sostiene la doctora Melómana. Ella vive bombardeando su estado de ánimo con melodías y ritmos de obras de toda clase. Le resulta prácticamente imposible no hacerlo. Y a veces suele tener su efecto terapéutico. Pero es otro el tratamiento.

La teoría de la doctora Melómana afirma que la música debe funcionar como generadora de catarsis (algo parecido a lo que sucedía con la tragedia en la Grecia Antigua). La canción en cuestión debe mimetizarse siempre con la situación vivida, la debe ilustrar e incluso amplificar. No debe oponerse al síntoma, sino actuar en la misma dirección que este. Incluso si se tratase de un caso extremo, en el que pareciera ser necesario el contrapunto que equilibre un momento de angustia, ira, violencia, desazón, esta terapéutica insiste en que ese estado debe reforzarse para luego de la apoteosis buscada, lograr la purificación.

Cuando necesito una receta con la lista de canciones que acentúen la alegría, la apatía, la depresión, la euforia, la soledad, la impaciencia, la diversión o la locura diarias, yo me convierto en mi propia doctora Melómana . Funciona como la homeopatía: lo semejante cura lo semejante. Y cuando tengo tiempo, me gusta prescribirles a los amigos unas dosis para sus estados y dolencias. Así que acá comparto la primera lista.

Para una ruptura amorosa

Se debe consumir ante una ruptura amorosa dolorosa y con algo de violencia (no mucha). Preferentemente, escuchar viendo fotos viejas para ensalzar más el estado de ánimo y así poder lograr la depuración:

1- Beth Gibbons and Rustin' Man- Tom the model
2- Sharon Jones and The Dap Kings- 100 Days
3- Peter Elkas- Party of one
4- Neil Young- Only Love Can Break Your Heart