Dra. Melómana (7): canciones para acompañar un increscendo de estados inducidos por el vino

A menos que equivoque mucho la compañía y el lugar, la primera copa de vino suele tener el gusto del augurio de una buena noche. De que quizá no está mal una vida en la que una papa frita de paquete te pueda hacer feliz por un rato. La segunda copa, siempre, indefectiblemente, es un “ja”. Una carita dibujada con la boca abierta con hambre de felicidad. La tercera me grita desde el estómago algunas verdades que se me revelan mágicamente. Oh, cuánto presagio mentiroso e inalcanzable (como todo mi futuro). La cuarta y la quinta suenan así: jajajajajaja, ah... jajajajajajajaja. Y la mano golpea la mesa, al ritmo de la risa y de la música. La sexta ya se sirve en vaso y es casi muda, pero me sé de memoria la letra: estás sola, todo esto fue un engaño. La risa, las papas, la copa, la noche y la compañía. La séptima me recuerda que no existen las iluminaciones. Y menos las inducidas. La octava actúa en medio del sueño y me despierta: ¿Cómo era todo? (Algún día lo voy anotar). ------------------Como todo en este blog, hay una correspondencia: a cada copa le cabe una canción. La progresión es también musical y suena así:

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